Después de la derrota de Montoneros y otras organizaciones revolucionarias hacia fines de los 70 ocurrió lo predecible.

Fue como las cuentas o bolitas dispersas de un collar o un rosario que se rompe.

Muy en términos generales se podría decir que hubo un sector – quizás mayoritario-  con muy diferentes posiciones y caminos que podemos caracterizar como pragmáticos al extremo.

Son compañeros y compañeras que hicieron de la administración del Poder en el Estado capitalista, un objetivo central, y en muchos casos lo lograron.

Esto no se dice peyorativamente, es simple descripción de las cosas.

Digamos que la ideología y los principios no siempre abundaron mucho en este sector.

Hubo otro sector muy minoritario y opuesto al primero.  Compañeros y compañeras muy aferrados a los viejos principios y a la vieja Historia.

Pero Jorge Reyna fue un montonero especial, quizás único en su tipo en los tiempos que corren.

La juventud de Jorge fue similar a la de muchos de su generación: estudiante de Arquitectura en La Plata. Jugador de Rugby, arquero de Estudiantes de la Plata y con una vida que tuvo oportunidad de transitarla con comodidad.

Pero optó por otra vida, la del revolucionario que luchó por otro tipo de Sociedad.

Montoneros hubo muchos, pero no muchos tienen en su haber juvenil el haber participado en la ejecución a un importante General de División.

Allá por principios de los años 70, plena Dictadura iniciada por Onganía, el Ejército Argentino tenía una gran iniciativa territorial invadiendo barrios y zona diferentes.

A diferencia de hoy, cualquier joven militante de 18 o 20 años sabía los nombres de todos los altos jefes militares de los distintos cuerpos de ejército. Porque era necesario conocer a la perfección a nuestros enemigos.

Rosario era la sede de una poderosa Unidad de Batalla, el II Cuerpo del Ejército (tristemente famoso a partir del 76 por la crueldad de la represión de sus comandantes, como el Gral. Galtieri).

Ese Cuerpo era el responsable directo de represiones de todo tipo.

Parece que la gota del vaso fue el secuestro y tortura de unas monjas barriales, a quienes torturaron y violaron dentro del Cuartel.

En esos años no había mucha definición sobre temas como la violencia contra las mujeres, pero la tortura y violación era una afrenta que no se dejaba pasar tan fácil.

Las FAR con el comandante Roque a la cabeza e integrada por Jorge Reyna entre otros apenas veinteañeros comienza a planificar la Ejecución del Gral de División Juan Carlos Sánchez. El Jefe del II Cuerpo del Ejército.

Jorge Reyna era un tipo con un sentido del humor envidiable, y siempre comentaba que en los chequeos previos vieron unos «tipos raros» que parecían estar también observando al General.

Y resultó que era un Comando del PRT – ERP con mismas intenciones que los muchachos de las FAR.

Así pues, como ni guna de las dos Orgas quizo cederle la operación a la otra, se armó un comando conjunto que finalmente pudo emboscar y ejecutar al Gral Sanchez en Rosario.

Duro golpe a la Dictadura y vengadas las monjas violadas y torturadas.

Estamos hablando del Jefe de la Segunda unidad más importante del Ejército, lo que implicó un descalabro.

Jorge es posteriormente detenido y condenado a perpetua por esa operación.

Recupera su libertad con la amnistía de Cámpora y se incorpora a la ya fusionada Organización Político Militar Montoneros. Y alcanza el nivel de Oficial.

Con el típico humor de esos años en que nos reíamos de la muerte propia y de las veces que la gambeteábamos, Jorge solía recordar  -con humor negro-  las veces que zafó de la Señora Parka con toda su familia al hombro.

Finalmente le llega el exilio en los países nórdicos y de ahí es destinado a Mozambique la República Africana recientemente liberada del yugo portugués liderada por Samora Moisés Machel.

Y ahí vemos a un argentino montonero e internacionalista trabajando desde entrenador de fútbol hasta en empresas del Estado ayudando a reconstruir un país aún en guerra.

Ahí participa también nuestro compañero de la Gremial Gustavo OmFranquet quién había sido uno de los chupados en el Campo de Concentración El Vesubio.

Jorge Reyna no encuadró en ninguna de las divisiones arriba planteadas en forma esquemática.

Ni un pragmático desinteresado de los principios revolucionarios.

Ni un ideologista esquemático.

Porque fue un tipo de Principios inalterables y de un pragmatismo algunas veces envidiable.

Era una especie única en su tipo.

Muchos de nosotros damos fe de su extrema capacidad de solidaridad y compañerismo.

Lo volvemos a encontrar a Jorge a partir de 1983 en distintos intentos de recrear el proyecto revolucionario.

Saldadas sus cuentas (como muchos de nosotros y nosotras) con la Organización Montoneros.

La pasó muy mal durante todo el Gobierno de Alfonsin, y como tantos, aguantó la lluvia y las tormentas de esos años contra el proyecto revolucionario.

Hacia fines del Alfonsinismo no dejó puerta sin tocar bregando por la Unidad.

Se unió al Lobito Rodríguez SAA, a Pancho, a mí, y a tantos que intentábamos el mismo camino.

El enemigo jamás se la perdonó.

Lo secuestraron junto a otros compañeros y zafó de una muerte segura cuando la puerta de la camioneta que los llevaba a un fusilamiento se abrió y pudieron escapar.

Al otro día estaba militando como si nada.

Fue el primero en comunicarse conmigo para solidarizarse y ofrecer ayuda cuando la organización donde yo militaba, la 26 de Julio, perdió un importante cuadro en 1988 en un enfrentamiento con la Policía, en un intento de asalto a un Banco. Se trataba nada menos que de Osvaldo Olmedo. Caído en ese asalto y hermano del mítico comandante de las FAR Carlos Olmedo.

El menenismo lo encontró (igual que a casi todos nosotros) a la intemperie.

En esos tiempos las finanzas de los revolucionarios no venían del Estado, ni de los partidos burgueses, o de la corrupción de chorear al Estado. Tampoco de sacarle a gente pobre porcentajes del dinero cobrado por planes o subsidios.

Había que poner el pecho. Y jugarse vidas o libertades.

El primer año del menenismo lo encuentra a Jorge sin sus principales aliados con los que intentaba reconstruir una alternativa revolucionaria.

Montoneros se había disuelto, pero ésa es otra historia.

Y los Montoneros que continuábamos abrazados a un proyecto revolucionario y aferrados a la vieja historia habíamos sido duramente golpeados.

En 1990 caigo en cana en Entre Ríos acusado de un hecho de robo. Casi cuatro años preso. Además me arman más de una docena de causas.

Ese mismo año cae muerto el Lobito Rodríguez Saa y Pacho Langieri, por segunda vez, se come cuatro años preso.

No podemos dejar de recordar a otro querido amigo como el Gallego José Iglesias que cae muerto en un intento de asalto a un camión pagador de un Supermercado.

El propio Jorge recibe un feo disparo en la rodilla en un intento de recuperar dinero. No pierde la pierna por la solidaridad de un sector interno muy importante de un partido de izquierda a quien no consultamos para que nos autorice a mencionarlos. Obviamente ese partido aún hoy desconoce que algunos de sus dirigentes ayudaron a Jorge.

Esos dirigentes también tuvieron conmigo misma actitud solidaria cuando estuve en cana.

Quizás algún día haya que escribir la dolorosa historia de los compañeros Montoneros muertos o presos durante la Democracia Alfonsinista o menemista en acciones de recuperación de dinero para seguir las luchas y que se negaron a integrarse al Estado explotador capitalista.

Y a veces lo doloroso no fueron tanto los muertos y los presos como las terribles traiciones de otros.

Jorge lo vivió en carne propia.

El enemigo descubrió mucho antes que nosotros lo que sería el último intento de un grupo de Montoneros dispersos en distintas Organizaciones de recrear una alternativa revolucionaria e independiente.  Y no iba a permitirlo.

La abortó a fuerza de represión, asesinatos y detenciones.

Así, rengo de una pata, Jorge con su organización dispersa y casi inexistente, siguió intentándolo. Asistió junto a Nora Cortiñas y algunos más al juicio oral en Entre Ríos en mi contra. Sentado en primera fila, nunca nos sorprendimos de ese engendro y parodia de proceso judicial.  Nuevamente Jorge hacía gala de su ácido humor jurídico contra los jueces entrerrianos. No era fácil ni aconsejable solidarizarse conmigo en esos tiempos menemistas.

Cuando fui liberado volvió a proponerme e insistir en mantener las banderas en alto y seguir la lucha.

Durante el primer menemismo, cuando se anunciaba «el fin de la Historia» y la «muerte de las ideologías», cuando caía el Bloque socialista mundial y cuando los revolucionarios de muchas latitudes, incluyendo Argentina, se pasaban a proyectos capitalistas, Jorge Reyna no se entregaba.

Y mientras el Peronismo de Menem entregaba la Argentina, enviaba tropas a Medio Oriente e intentaba desmalvinizar aliándose con los EEUU y el Reino Unido, Jorge les escupió el asado.

Se había anunciado con bombos y platillos que un transbordador británico saldría del puerto de Montevideo, atracaría en BsAs y de ahí iría a nuestras Malvinas en aparente paz con los «hermanos» ingleses.

Con menos de una docena de compañeros que reclutó como pudo, armó el «Comando Dardo Cabo» y burló la guardia de las armadas británicas y argentinas y pudo ocupar el barco

Las fotos de la época de los diarios lo muestran desplegando la bandera Argentina en el puente del barco británico antes que los detuvieran a todos.

Les generó un gran quilombo diplomático.

Jorge nunca los dejó en paz. No sabía de retroceder ni de quedarse con los brazos cruzados.

Para el fin del primer menemismo nos volvimos re encontrar junto a otros compañeros y tras compañeras.

Para los diez años de «democracia» en la Argentina, Menem y Alfonsín plantaron 10 árboles en la Costanera.

Esa misma noche Jorge y otros compañeros sacaron esos árboles y los plantaron en las tumbas de varios combatientes de ERP y Montoneros caídos en combate.

En esa época, ya trabajaba en la verdulería de Emilio Pérsico. Fue donde recibió la vista del enviado de uno de los peores traidores a Montoneros, Rodolfo Galimberti, para ese entonces ya trabajaba con la CÍA.

El enviado de Galimba, también un conocido ex montonero le dijo: «sabemos que fueron Uds y ya les dimos todos los datos a la Federal».

Jorge, que conocía al tipo de años, solo le preguntó si quería tomar unos mates.

Ese era Jorge Reyna a quien hoy, como siempre, le rendimos homenaje.

Fue casi presionado para ser candidato a elecciones en dos oportunidades intentando por todos los medios aprovechar para utilizar sus candidaturas para elevar una voz diferente.

En la elección que le dio el segundo mandato a Menem, lo enfrentó con el Frente de la Resistencia, con la Fórmula Tumini / Reyna.

Y al final del mandato de Menem con la fórmula Reyna / Moscia contra la Alianza triunfante.

El Kirchnerismo fue la estocada final contra la posibilidad de armar un proyecto revolucionario.

El Kirchnerismo arrasó con todo, dividió todo lo que pudo y lo que no dividió lo destruyó.

Cientos de compañeros sucumbían de buena o mala fe, con aparente convencimiento o con especulaciones económicas y laborales al espejismo del Kirchnerismo.

Recuerdo un 26 de julio del 2004 en que hicimos un acto en Callao y Corrientes donde los oradores fuimos el Pelado Perdía, Jorge y yo. En la soledad de ese acto el Kirchnerismo parecía que venía a quedarse para siempre.

Como dicen varios compañeros y los últimos más cercanos familiares de Jorge, ese proceso lo terminó de derrumbar.

Nunca dejó de intentarlo pero ya con menos fuerza.

El Pelado se recostó en la OLP y yo en la construcción de Convocatoria SEGUNDA INDEPENDENCIA.

Y para el 2008 nacía la Gremial de Abogados y Abogadas que también nos contuvo.

Pero Jorge ya no tenía una construcción.

Y empezó a pesar su parte más pragmática: «si me equivoco, prefiero, esta vez, equivocarme con el pueblo».

Ahí es donde puede más su pragmatismo y su visión «más amplia y abarcadora» que una concepción más dialéctica que tampoco le era desconocida.

Su pragmatismo lo llevó a intentar construir proyectos como el del cura Farinello y hasta con el Kirchnerismo, pretendiendo «armar espacios amplios que contuvieran a todos», incluso a nosotros, «a tipos como el Negro Soares» me decía.

Ocurrió lo que tenía que ocurrir.

Desde el Kirchnerismo, al que se intentó acercarse, le echaron flit, lo ningunearon, y al final empezaron a correr la bola de que «era sospechoso».

Lo destruyó el «fuego amigo» como suele decirse en términos militares.

Este último intento de discutir proyectos frente a un proceso carente de ideología revolucionaria y de principios lo derrumbó.

 A diferencia mía, del Pelado Perdía, del Polo Martínez Agüero y de algún que otro compañero como Gustavo Franquet, que pudimos a duras penas mantener una fuerza propia, Jorge apostó a «espacios más amplios».

Creo que Jorge Reyna es el último en su especie y hablo en nombre de varios compañeros y compañeras que lo conocimos bien

Es ese hombre que lo entrega todo a cambio de nada, solidario al extremo. Es el principista y pragmático al mismo tiempo.

Un compañero de otra época de los que ya no hay y difícilmente haya.

Quedaremos los que nos aferramos a la fortaleza ideológica y a la construcción revolucionaria al precio que fuere.

Y los que se aferran a «lo posible» y por tanto con amplitud infinita y principios más delgados.

Quizás, hoy Jorge sería burlado por las nuevas generaciones que ni le reconocerían su aporte a la causa revolucionaria y su entrega personal.

En tiempos de oportunismo y especulaciones individuales es imposible entender a un Jorge Reyna con quien la Historia no será piadosa.

Jorge es el ejemplo claro de que es imposible toda construcción «desde adentro» de un proyecto dirigido por la burguesía o dirigentes capitalistas.

Básicamente el Peronismo.

Yo le rindo homenaje, gloria y honor al Jorge Reyna que nunca aflojaba, al veinteañero que  ejecutó a un General de la Dictadura, al que tomaba  un barco inglés. Al compañero solidario.

Al hombre de fe inagotable.

Al que la Historia difícilmente lo rescate.

Le rindo homenaje a Jorge como se la rindo al Lobito, al Petiso Olmedo y a muchos que se la jugaron como él.

Y algunos como Gustavo y yo, esperamos haber sido lo suficientemente abiertos de cabeza como para aceptar algunos de sus ejemplos de vida y enseñanzas que podamos transmitirles a nuestros compañeros en sus construcciones, para que hagan más valederas su militancia.

El Negro Soares

4 de junio 2020

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